Mérida, Yucatán .- Durante décadas, el Frente Único de Trabajadores del Volante (FUTV) fue sinónimo de fuerza sindical, cohesión gremial y presencia abrumadora en cada esquina de Yucatán. Era el sindicato más sólido, el que definía tarifas, rutas, tanto peso político tenía que incluso imponía candidaturas y puestos de gobierno. Hoy, la realidad los ha alcanzado, de aquel pasado glorioso solo quedan ruinas: sus unidades envejecidas, los servicios rezagados y un creciente malestar entre los socios que refleja una profunda crisis institucional.
Sin duda que la caída no fue repentina; fue un proceso que se fue gestando en la última década, en la que imperaron la desconfianza, se tomaron decisiones verticales e hubieron muchas promesas incumplidas. Todo ello llevó al punto del colapso a una organización con más de 80 años de respaldo, que hoy vive una fractura interna alimentada por la opacidad, el abandono del fondo de defunción, la cancelación de créditos a socios y el control de un pequeño grupo sobre los recursos y las decisiones.
El Volante dejó de ser de todos y ya no gira como antes. Muchos trabajadores sin rodeos aseguran que el Volante está secuestrado. Y no es una expresión menor. Los socios denuncian que las decisiones no se toman en asamblea, sino entre unos cuantos. Las quejas sobre el estado mecánico de las unidades son constantes, mientras que los beneficios sindicales tradicionales —créditos, apoyos, respaldo en trámites— desaparecieron para los socios.
La falta de transparencia también llegó a los números: se habla de un presunto desfalco que gira sobre los 39 millones de pesos, lo que agrava aún más la sensación de desamparo entre los choferes y concesionarios.
Ante este panorama, trascendió que ya hay un grupo organizándose para crear una nueva alternativa sindical, tomando como modelo lo que ocurrió con la CTM y la CATEM en otros sectores. La idea de las mentes detrás de la idea no es abandonar el Volante, sino reconfigurar el sindicalismo del transporte, con una visión más participativa, democrática y conectada con las necesidades actuales de este gremio.
En un estado donde el transporte está en el centro del debate público y de las políticas gubernamentales, la fractura del Volante no es sólo un problema interno: es una señal de cambio. Y como suele ocurrir en estos casos, cuando los sindicatos dejan de representar a sus bases, surgen nuevas formas de organización. Parece que la brisa ya empezó a soplar.











